Hace unos años descubrí que la música sería algo muy importante en mi vida.
Siempre he sido una persona de naturaleza tímida y nerviosa. Los nuevos desafíos siempre los asumo con una cuota importante de inseguridad. En este sentido, hasta la música que tanto amo se ha visto afectada.
No obstante, ¿nos podemos dar el lujo de renunciar o dar ventajas en lo que realmente nos apasiona? Hay que hacerlo posible.
En mi primer año de universidad se me dio la oportunidad de pertenecer a un grupo musical de rock. Nunca antes había pertenecido a un grupo, siempre toqué solo o con algún familiar. Éstas eran balas de otro calibre y, para variar, dudé hasta el último momento en cambiar de pistola. Ese proyecto musical duró poco, pero la verdad yo tampoco le tenía tanta fe, por lo que mis esfuerzos fueron débiles.
Durante años grabé algunos álbumes sin lograr encontrar esa satisfacción, pero la verdad tampoco intentaba ir más allá. La ley del mínimo esfuerzo, el karma que me ha acompañado gran parte de mi vida.
Dejé el mundo de la música activamente por largos 7 años, sólo haciendo una pausa en 2013 para practicar y tocar en mi matrimonio junto a mi abuelo. No encontraba la motivación, la inspiración... era más que eso: dejé de creer en el piano, dejé de creer en mis manos, en mi música.
Este año musicalmente ha sido un punto de inflexión. Acabo de terminar un proyecto musical que me tomó 3 semanas de grabación. El resultado me encantó, pero va más allá de lo musical: volví a creer, volví a amar lo que tanto amaba.
Y es más. Nunca había pertenecido a un conjunto folclórico, nunca antes había tocado seriamente un instrumento que no fuese el teclado o el piano. Pero para mí, hoy, ya no hay imposibles.

Felicidades me alegra leer estas palabras.... :3
ResponderBorrar